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Este es el título de mi primera aventura y de mi primer libro a través de América. Así empezó mi historia alrededor de este hermoso y maravilloso mundo en bicicleta. Esta pequeña historia en inglés, la escribió mi hijita Estefanía cuando apenas tenía 9 años. Me encanta leerla, es un resumen perfecto de mi aventura en bicicleta por Centro y Sudamérica. Como pueden leer, esta es una narración de lo que más le impactó a una pequeña niña que siempre escuchaba a su papá platicar de una aventura que realizó por América en bicicleta. Una aventura de 33,170 Km en un año y 2 viajes a través de: Alaska, Canadá, Isla de Sitka, Isla de Ketchikan, Isla de Vancouver, Estados Unidos, México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Brasil (600 Km de la carretera Transamazónica), Perú, Bolivia, Chile, Argentina y La Isla de Tierra de Fuego. Siempre fui un aventurero gracias a mi madre. También un egoísta cuando se trata de realizar un sueño o alcanzar una meta; sólo tienen que ver a mis dos bebitas cuando su padre se preparaba para ir en busca de la realización de otro sueño. Nuestra llegada al aeropuerto de Firebanks fue de madrugada por lo que nos acomodamos en una esquina de éste, para poder pasar la noche. A la mañana siguiente, después de dar una vuelta por esta gran ciudad de Firebanks, nos dirigimos hacia un pequeño aeropuerto secundario, desde donde saldría nuestro vuelo, en este viejo avión, hacia Proudhoe Bay en el Mar Ártico. Es increíble cuando llegas a un mundo tan diferente al tuyo como lo es La Tierra del Sol de media noche, donde todavía dentro del Circulo Polar Ártico existen ciertas costumbres de la Tribu Inuit a las que no estamos muy acostumbrados; como lo es cederte a su esposa para que no pases frío durante las noches árticas… Así empezamos a pedalear por esta carretera junto al Alaska Pipe Line, que transporta el petróleo desde el Mar Ártico hasta el Golfo de Alaska (esta carretera es la que ahora vemos en la serie de NatGeo, Camioneros del hielo). En el pequeño poblado de Coldfoot existe la única estación de combustible y alimentos en esta carretera entre Proudhoe Bay y Yukón River, donde llegamos a desayunar y a comprar algunas provisiones para el camino, mientras platicábamos con un paisano mexicano que llevaba más de un año trabajando en este lugar. Continuamos pedaleando y durmiendo casi siempre de día. Porque como saben, aquí en la Tierra del Sol de media noche, en el verano los días duran alrededor de 20 horas y las noches sólo 4 horas, si es que se le puede llamar noche a una tarde nublada y soleada, y donde obviamente el invierno es todo lo contrario. Son las 2:00 a.m. y estamos muy cansados de tanto pedalear, pero yo quería llegar a dormir al Círculo Polar Ártico donde tan sólo existe este letrero que dice: Tú estás cruzando el Círculo Polar Ártico, Latitud 66o 33´, y aun no nos hemos acostumbrado al horario, nunca sabemos la hora que es si no vemos el reloj. Entonces pensé: “si ya estamos acá, tenemos que aprender a dormir de día y con luz solar”. Esta noche en el Círculo Polar Ártico, antes de entrar a dormir a la tienda, hice algo que nos salvó la vida: me llevé la comida a más de 100 m de distancia y la colgué en lo más alto de un pequeño arbusto. Esa noche nunca la he podido olvidar, ni la olvidaré por el resto de mi vida, cuando entre sueños oí las pisadas de un oso y vi su sombra cuando se acercó a olfatear la tienda, muy cerca de nuestras cabezas. Nunca pude reaccionar por lo cansado que estaba. Si este oso hubiera olido algo de comida adentro, nos hubiera destrozado sin que nosotros apenas hubiéramos podido defendernos. Todos los días pedaleábamos entre 70 y 120 Km, todo dependía de cómo se encontrara la carretera. En algunas partes solo era grava profunda y en otros era un lodazal terrible de arena profunda mezclada con hielo y agua, hasta que nos acercamos al Río Yukón. Aquí nos encontramos con otro problema que no era la carretera, sino los miles de mosquitos gigantes que te atacaban sin piedad, y sin que ningún repelente los ahuyentara, “nos comieron vivos”. Por fin llegamos nuevamente a la ciudad de Firebanks, donde entre otras cosas conocimos tiendas increíbles de caza y pesca, mientras que en algún momento reaccionaba por el cansancio y le decía a Armando “ya vámonos a dormir son las 00:40 hrs y mañana hay que pedalear”. Mientras tanto el sol se encontraba en todo su esplendor, como si fuera medio día en cualquier parte del mundo. En la carretera hacia Nenana, primero nos encontramos a estos dos ciclistas americanos y después a otra pareja de alemanes que también estaban pedaleando en Alaska. Después de otro día de pedalear alrededor de 120 Km llegamos a dormir a un lado de este famoso barco llamado Taku Chief, el que como dice su nombre, en otra época fue el jefe en estas aguas, cuando surcaba el impresionante Río Yukón. Nos acercábamos al Parque Nacional Denali entre algunos de los diferentes afluentes del Río Yukón, mientras que hoy solo habíamos pedaleado por buenas carreteras. Ya estábamos acostumbrados a los cambios repentinos de éstas, por lo que en esta aventura decidí probar estas nuevas bicicletas híbridas que hasta ahora se habían adaptado muy bien a los diferentes caminos y carreteras. Como se ve en las fotos, estaba tan cerca y tan lejos a la vez como lo son 100 m; primero de unos osos grizzlies y después de unos lobos blancos que hace dos días mataron a una cría de alce, y cuya madre aun no se movía del lugar, como todavía queriéndola proteger. Estas fotos no las quise ampliar porque así las tomé con mi primera cámara Minolta de viaje, que usé en 1987. Esta hembra alce se fue acercando a nuestro campamento tan sigilosamente como podía, para venir al chisme, porque estos animalitos son muy curiosos. Mientras pedaleábamos dentro del Parque Nacional Denali, una noche un guardia forestal nos regañó porque dejamos la comida colgada afuera de nuestra tienda (a 100m), pero dentro del área de acampar; terrible error decía él, porque en este lugar se tiene que enterrar la comida en botes especiales o bien dejarla en una cabaña cercana con lockers para la comida, mientras nos volvía a repetir: “estos osos son grizzlies, son grizzlies”. Los osos grizzlies son muy peligrosos porque ellos creen que son los animales más poderosos de la tierra. Sólo hay que comparar una garra de oso negro, que es del tamaño de media cuarta, contra la de un oso grizzli, que es de más de una cuarta. Son capaces de arrancar la cabeza de un caballo de cuajo, y algunos llegan a pesar más de media tonelada. El Hotel Denali esta construido a todo lujo dentro de unos vagones de ferrocarril. Unos días con frío, otros días con lluvia y otros más nevando fueron nuestros compañeros de aventura mientras cruzábamos Alaska en bicicleta. Aquí también se encuentra el Mt. McKinley, que es la montaña más alta de Norteamérica con 6,194 msnm, donde la mayoría de los alpinistas muere en la conquista de su segunda cumbre. Este hotel iglú en el centro de Alaska rompía con el estereotipo de todas las construcciones que había visto antes aquí. En este momento le hacían a éste las últimas modificaciones y reparaciones por la ya muy próxima llegada del invierno. Estos tres sitios diferentes por los que íbamos pedaleando me recordaron el encuentro de hace dos días con la pareja de viejitos que en el Koa de Palmer nos invitaron a desayunar en su motorhome. Les platiqué del diploma que nos habían dado cuando cruzamos el Círculo Polar Ártico, e inmediatamente me comentaron “seríamos la envidia de nuestros amigos si conseguimos uno”. Entonces les dije: amigos que esperan, vayan por él; y dos días después inició su aventura en busca de éste. Salimos de las montañas y Armando se adelantó 3 días en una pick up para reparar su bicicleta. En el camino me topé con un cachorro de oso en la carretera y pensé “Dios, la madre está muy cerca”, empecé a pedalear más rápido cuando de pronto venía una terrible subida; al voltear vi a los dos cachorros y a la madre venir tras de mi; ¡uf! unos baños de madera, me salvé; entré y atranqué la puerta con mi bicicleta; de pronto todo se derrumbó sobre mi, y en ese momento me encontré cara a cara frente a la osa con sus cachorros de casi 2 años y una fosa séptica donde sin pensarlo me aventé, casi muero ahogado entre la caca y ya se imaginarán… mientras la osa todavía me tira un último zarpaso y oigo como rompen mi bolsa con la comida. Que noche tan terrible fue esa, hasta que por fin amaneció y cuando medio me asomé, vi que eran osos negros, por lo que empecé a gritar y gritar hasta que por fin desaparecieron. Después de esta terrible experiencia, pasé por un pueblo llamado Wolf Country, donde las personas se dedican a la crianza de lobos como protección para los ranchos y las granjas contra los osos, ya que los lobos son los únicos animales que se les enfrentan a éstos y son capaces de hacerlos retroceder. Este es el hermoso Glaciar llamado Matanushka, uno de los más grandes de Alaska. Después de algunas lluvias torrenciales entre el pueblo de Tok en Alaska y la ciudad de Whitehorse en el Territorio Yukón, decidí cambiar la ruta de British Columbia por otra ruta a través de Heins, Skagwey, la Isla de Sitka, la Isla de Ketchikan y la Isla de Vancouver, mientras llegábamos con el tiempo encima para abordar nuestro ferry llamado Taku, el que yo ya conocía porque algunos años antes, cuando aun era estudiante, ya había trabajado en este de recamarero y después de chef de comida mexicana (sólo sabía hacer huevos a la mexicana y banderitas). Como se puede ver en la foto, aquí en el solarium del ferry es donde viajan la mayoría de los aventureros. También nos tocó ver en Skagway la llegada de un viejo gambusino con sus mulas repletas de oro después de más de tres años en las montañas; fue directamente al banco a realizar algunos movimientos, y cruzó a la cantina del pueblo, donde ya lo estaban esperando unas bellas señoritas, rica comida, buen alcohol y un buen cuarto para descansar durante las próximas dos o tres semanas. Con cuantas cosas nuevas y diferentes me he encontrado mientras pedaleo por este nuevo mundo para mí. O acaso ¿sabían que Alaska fue comprada por Estados Unidos a Rusia en  10, 000 000 de dólares? Mientras, le tomo una foto a la hermosa Catedral Ortodoxa de la Isla de Sitka. Después de pedalear algunos días a través de la Isla de Ketchickan, nos dirigimos más tarde hacia Prince Rupert, desde donde nos embarcaríamos nuevamente hacia el norte de la Isla de Vancouver, para continuar pedaleando a través de esta en nuestras bicicletas. Llegamos a Port Hardy en el norte de la isla de Vancouver, desde donde empezaríamos a pedalear hacia la ciudad de Victoria. En el camino nos encontramos con un japonés que venía pedaleando en solitario por algunos lugares de Canadá y Alaska, para cumplir con un protocolo que según las costumbres japonesas, lo ayudaran a volverse un hombre, en toda la extensión de la palabra. Mientras pedaleaba por esta isla, a lo lejos podía observar unos letreros gigantes ubicados en las diferentes zonas de tala que había en las montañas; con árboles nuevos de todos los tamaños, y con los diferentes años en los que estos ya se encontrarán nuevamente listos para ir a los aserraderos, y que iban desde 1990 hasta 1995, 2000, 2005, 2010, 2030… Este día después de pedalear 110 Km llegamos al paralelo 50 donde además de hacer una foto, nos quedamos a comer y más tarde a dormir en un lugar junto al mar. Mientras que cada día nos acercábamos más a la ciudad de Victoria en el sur de la Isla de Vancouver. Algunos pasos más de montaña, un mirador turístico, centros comerciales y por fin a lo lejos, la hermosa ciudad de Victoria. De Victoria cruzamos en ferry a Vancouver y de ahí nos encaminamos hacia la ciudad de Calgary, donde se llevarían a cabo Las Olimpiadas de Invierno de 1988. En Calgary conocimos una maravillosa ciudad que ya estaba lista para recibir a los atletas y personas de todo el mundo que se darían cita para celebrar estos famosos juegos de invierno. Después de conocer esta maravillosa ciudad de Calgary, empezamos nuevamente a pedalear hacia el Parque Nacional de Banff, que se encuentra ubicado a 120 Km de aquí. Por una excelente carretera y muchos letreros alusivos al cuidado y protección de los vendados, los alces y de muchos animales más, llegamos a este Parque Nacional ubicado entre las grandiosas Montañas Rocallosas de Canadá. Después de cruzar la montaña de las tormentas con una terrible pendiente del 18% en más de 23 Km, empezamos a bajar hacia el pueblo de Radium Hot Spring, que es famoso por sus aguas termales, y donde Armando y yo hicimos una breve parada para tomar un rélax. Me encantó este lugar, mientras pedaleábamos hacia un castillo que se encontraba en medio de un lago, es un Parque Nacional llamado Waterton Lakes, donde a nuestro arribo nos enteramos que el castillo es un increíble hotel que también está rodeado por las no menos famosas Montañas Rocallosas. Siempre me ha gustado Canadá, pero ahora que he cruzado en bicicleta por muchos parques nacionales, pueblos y ciudades, ríos y cascadas, bosque y montañas, me gusta más. Aquí en estos lugares boscosos, en su mayoría, puedes pedalear al ritmo de los sonidos de la naturaleza, del viento, de la lluvia y de la soledad, mientras cruzábamos la frontera de Canadá con Estados Unidos. Después de los clásicos trámites burocráticos, ya estábamos pedaleando en Montana con rumbo al Parque Nacional Glaciar. La idea era llegar a dormir en Lake Louis, mientras no parábamos de bajar hacia la entrada de este parque. El cansancio nos hizo detenernos por un rato a descansar, después de más de dos horas y 90 Km bajando, hasta que por fin llegamos a este letrero, que nos indicaba la entrada al Parque. Esta noche me encantó porque la pasamos en compañía de unos viejitos que al ver nuestra frágil tienda moverse por el viento me dijeron: “por qué no acampan junto a nuestro trailer para protegerse de éste, y nos encantaría que cenaran con nosotros”, algo que obviamente no pude rechazar. Con los días nos íbamos acercando al más famoso de todos y al que más me gusta, “El Parque Nacional Yellowstone”. Después de visitar a mi bella prima hermana Nury y descansar unos días en su casa de Bozeman, nos dirigimos hacia la entrada del West Yellowston. Ese día entramos al parque ya atardeciendo, cuando un guardia forestal nos dijo que en esta zona no podíamos acampar en tienda de campaña, porque tenían un oso que estaba fuera de control y que nos llevaría a un trailer vacío donde podíamos pasar la noche junto a varios backpackers. Amaneció sin ningún contratiempo, mientras preparábamos nuestras bicicletas para seguir rodando por este parque nacional entre bisontes, alces, pantanos de lodo hirviendo, el gran cañón del Yellowstone, el famoso geiser Old Faithful (El viejo fiel que expulsa agua cada hora), el lago del Yellowstone, etc. La noche anterior nos cayó una lluvia-nevada muy fuerte, donde me di cuenta que mi tienda eureka para 3 estaciones no era la adecuada para este tipo de aventuras, así como muchas otras cosas más que traía conmigo. Cruzamos al Parque Nacional Grand Teton por sus montañas del mismo nombre, mientras esperábamos escondidos la llegada del oso que cada noche venía a tomar agua al mismo lugar; unas fotos y se prenden los flashes; este se asusta y se para sobre sus dos patas, gruñendo sin saber a quien; mientras que todos nosotros, incluyéndolo a él, salíamos corriendo… Salimos del Grand Teton por un pueblito increíble del antiguo oeste llamado Jacksonville donde las personas se visten a la usanza antigua, “me encanta este lugar”. Cruzamos por Salt Lake City hacia Arizona, pero tengo muy gravado un día en especial cuando veníamos pedaleando y de pronto casi nos ahogamos, algo nos quemaba, no podíamos respirar, terrible, ¿qué está pasando?, nos tuvimos que regresar unos pocos metros para tratar de asimilarlo, “estábamos entrando al desierto”. Hacía algunas semanas que habíamos cruzado por la División Continental, y ahora estábamos entrando a este Parque Nacional de Zion en el desierto de Arizona, cuando recuerdo al guardia forestal preguntarnos si llevábamos suficiente agua para el camino. En un viaje posterior con mis dos hijas 15 años después, les platiqué de este hermoso lugar en el desierto, y las dos se rieron y me dijeron papá estamos en otra época, ya debe de haber por lo menos un campo de golf de 9 hoyos; les contesté, como creen nenas; y cual va siendo mi sorpresa cuando llegamos a este lugar, y ver que ambas tenían razón. Este museo en el camino nos hizo tomar un breve descanso para conocerlo. Más adelante decidimos pasar la noche en este pueblo de Kanab donde nos dimos un chapuzón en la alberca del hotel a 44 oC, y también hicimos una comida caliente. Mientras tanto empezamos a prepararnos mentalmente para subir por la impresionante carretera del cañón que teníamos en frente, y que nos llevó alrededor de tres horas y media subirlo, entre los aplausos y las porras que nos echaban todos los turistas que nos rebasaban en sus vehículos. Antes de entrar a la tierra de los Indios Navajos pasamos por un crucero lleno de tienditas con artesanías para los turistas. En este lugar comimos algo, y nos recostamos bajo la sombra de un frondoso árbol que nos protegería por un rato de los rayos solares y de los 43 oC mientras esperábamos que bajara un poco el calor para seguir pedaleando. Después de descansar y dormitar por un rato, empecé a sentir algunos pequeños piquetes en todo el cuerpo y luego a sentir algo que se arrastraba o caminaba por mi ropa; “abro los ojos y terrible sorpresa la que me llevé cuando vi que estábamos totalmente tapizados de azotadores”… La belleza de esta tierra contrastaba con la pobreza que ahora existe en esta pequeña reservación. Aquí viven algunos de los pocos Indios Navajos que quedan, en un palmo de terreno de la tierra que fuera de ellos; porque ellos en alguna época, fueron los dueños, amos y señores de este inmenso territorio. El cañón Glen en Arizona fue uno de mis primeros desiertos en el mundo, y fue en este donde empecé a aprender de ellos. Un día, para evitar las altas temperaturas del desierto se me ocurrió empezar a pedalear a las 4:30 am con la luz de la luna, mientras empezamos a oír sonidos como si aplastaras una cucaracha, y luego otros ruidos raros como si pasáramos encima de otros animales que se movían sobre la carretera, en este desierto que en la madrugada se encontraba bajo cero. Que terrible experiencia fue cuando nos bajamos de la bicicleta para ver que se movía, y empezamos a alumbrar arañas, escorpiones, ciempiés, víboras, etc., que salen al pavimento de la carretera porque esta guarda el calor del día, mientras nos regresábamos con mucho cuidado y mejor esperábamos el amanecer. Cerca del famoso Gran Cañón de Colorado conocí a Neil, un australiano que me enseñó muchas cosas sobre los desiertos cuando yo empezaba, mientras pedaleábamos juntos por este desierto durante algunos días, ya que el había nacido en un desierto llamado Australia. El 16 de septiembre de 1987 celebramos aquí en el Gran Cañón con nuestro amigo Neil y otros amigos de Escocia, Bélgica y Alemania la Independencia del país más hermoso de la tierra, “México”. Pues bien, ya aquí en el Parque Nacional del Gran Cañón tuvimos que bajar 32 Km hasta el Río Colorado para conocer este lugar, mientras también conocíamos el pueblo fantasma, Indian Gardens y otras partes más del cañón. De Phoenix a México por la Península de Baja California. En mi país he pedaleado por todos los Estados de la Republica Mexicana, ya sea entrenando, compitiendo o viajando en bicicleta. Una parte de mi aventura por América en bicicleta fue con mi joven amigo Federico García (el viejo), con quien crucé la Península de Baja California. Este lugar llamado Pichilingue es una bahía cerca de la ciudad de La Paz, donde zarpan y a donde arriban todos los ferrys que cruzan entre la ciudad de Mazatlán y La Paz. Antes de llegar a Sta. Rosalía, unos ingenieros nos habían platicado de la vida en este lugar; bonito y alegre como un pequeño pueblo próspero, tanto en el centro como en sus alrededores. La gente pensaba que todo respondía a alguna situación demoniaca, como tener un pacto con el diablo. Cuando entramos al Centro de Sta. Rosalía, también nos encontramos con una Iglesia totalmente construida de fierro, que fue hecha nada menos que por el señor Eiffel. Aquí en Guerrero Negro se encuentra la salina más grande del mundo, que está instalada en la laguna costera Ojo de Liebre. Aquí también se divide Baja California Norte de Baja California Sur, e inicia el Desierto del Vizcaíno. Mismo lugar al que llegan cada año sus enormes visitantes invernales, “las ballenas grises”. Los Cabos, maravilloso lugar, aunque después de pedalear y acampar entre tantas playas y lugares hermosos, cuando llegamos a Cabo San Lucas y después a San José del Cabo, ya no nos pareció tan bonito como lo ve alguien que llega directamente a estos lugares. En La Paz nos encontramos a un grupo de ciclistas: un canadiense, un americano y un inglés que se conocieron pedaleando en Estados Unidos, y decidieron pedalear juntos hasta Sudamérica, donde terminarían su aventura en países diferentes; lo que nunca sucedió porque se separaron después de tan sólo un mes más de pedalear juntos (es muy difícil encontrar a alguien que piense como tú, tenga tu misma condición física y además las mismas metas y sueños). Aquí en Mulege contactamos al hijo de un señor llamado Don Seferino, quien fue nuestro guía dentro de este desierto, para poder ir a conocer las Pinturas Rupestres de La Trinidad y Piedras Pintas en la Sierra de San Pedro. La misión de Mulege es una de las muchas misiones que existen aquí en la península y en muchos lugares apartados del mundo. Siempre he admirado a los misioneros, a quienes considero unos grandes aventureros, porque por el sólo hecho de una creencia y convicción han llegado hasta los lugares más inaccesibles de la tierra, solo con un objetivo, llevar la palabra de Dios. En este lugar llamado Rancho Bombedor, en medio del desierto del Vizcaíno, conocimos a esta pareja de americanos que iban en bicicleta de Nueva York a Guatemala. El papá de Eleonor fue durante muchos años misionero en este país, y debido a todos los problemas raciales que tenían Eleonor y Rei dentro de la sociedad americana, tomaron la decisión de irse a vivir juntos a la Ciudad de Guatemala. Una noche acampando a la orilla del Golfo de California. Un ataque en Playa ratón fue el nombre que le pusimos a esta pequeña bahía, cuando llegamos aquí y pusimos nuestra tienda junto a una pequeña palapa donde paramos nuestras bicicletas. Mientras yo entraba a la tienda Federico me decía: “Efrén, me están atacando unos ratoncitos”, ajá, pensé; “viejo, están llegando más”, me volvió a decir; “¿qué hago?” patéalos le dije ja, ja; “ya tengo un palo y no puedo con ellos”; ahí voy, exclamé mientras salía de ésta ¡no inventes!, es cierto, son cientos, entonces pensé: estamos invadiendo su territorio, viejo ayúdame a jalar la tienda y todas las cosas lejos de aquí; sólo 50 m y asunto solucionado… En el desierto del Vizcaíno cometí otro grandísimo error, cuando primero llegamos a acampar de noche y después comimos adentro de la tienda. Esto no lo puedes hacer en el desierto, porque esa noche en la madrugada empecé a soñar que me caminaban muchos animalitos por todo el cuerpo y me picaban muchos mosquitos en la cara y el cuerpo, mientras soñaba que llegaban más y más; al grado que trataba de abrir mis ojos y no podía; trataba de prender mi lámpara y tampoco podía; hasta que hice un tremendo esfuerzo para prenderla, mientras empezaba a gritar horrorizado de lo que estaba viendo y jalaba a Federico afuera de la tienda, quitándonos y aventando toda nuestra ropa y sacudiéndonos porque estábamos cubiertos por miles de hormigas (si hubieran sido hormigas de fuego, rojas, no lo estaría contado). Después de pedalear algunas semanas más con el viejo Federico, el continuó en solitario su aventura por México. Mientras que yo, algún tiempo después, continuaría con mi aventura en solitario por algunos lugares más de México, a través de ciudades y estados como Mazatlán, Guadalajara, Querétaro, Ciudad de México, Puebla, Veracruz, Oaxaca, Tabasco, Chiapas y después por Centroamérica y Sudamérica. Cuando llegué al estado de Tabasco, decidí continuar pedaleando por el estado de Chiapas a pesar de que en esta zona existían muchos problemas políticos entre el gobierno de mi país y el famoso Comandante Marcos. Las Ruinas de Palenque son famosas en el mundo entero por su impresionante belleza. Me encanta este lugar porque aquí también gané el primer festival de triatlón olímpico mexicano que se ha celebrado en este estado. Este inició en la Laguna de Catazaja (Casa de los Manatíes), se pedaleó hasta Las Ruinas de Palenque, y después se corrió entre la selva de estas hasta llegar a sus ruinas, donde el premio fue un busto del Dios Pakal. Un festival chamula dentro de la catedral de San Cristóbal de las Casas, me ocasionó un terrible problema cuando por tomar esta foto, se me dejaron venir todos los Indios Chamulas ahí presentes de una forma muy agresiva, gritándome y amenazándome, mientras me exigían el pago de 20 dólares por esta foto o me iba a ir mal cuando saliera de la iglesia. Estaba en mi país y aun así me puse nervioso, mientras que estos hacen lo mismo con casi todos los turistas, primero asustarlos y después sacarles el dinero. En la foto anterior una mujer chamula sonriendo, y luego estos niños también posando para mi cámara a cambio de unas monedas. Una foto lejana del mercado chamula para evitar más enfrentamientos con esta tribu tan agresiva en mi país, México. Mi llegada a Centroamérica fue por la frontera de Ciudad Cuauhtémoc¬¬¬¬—La Mesilla, donde empecé a pedalear por este bello país de Guatemala, entre sus hermosas selvas y montañas por las que iba cruzando, a un ritmo de entre 110 y 130 Km diarios, como lo había venido haciendo últimamente por el estado de Chiapas en México. De vez en cuando me paraba a tomar café en los diferentes pueblitos. Este cartel me indicaba cuantos kilómetros tenía que pedalear para llegar a cada uno de estos famosos lugares turísticos aquí en Guatemala. Me la he pasado pedaleando entre cada vez más montañas y más selva; por buenas y malas carreteras como en todo el mundo. Pero, la gente en los pueblos me ha tratado muy bien y a pesar de tantos malos rumores sobre la inseguridad del país, yo me he sentido bastante seguro. Mientras pedaleaba por Panajachel y el lago de Atitlán, decidí apresurar un poco el paso en la bicicleta, para llegar a tiempo a la Ciudad de Antigua a ver el famoso desfile de Semana Santa, que se lleva a cabo en esta ciudad. Estas alfombras típicas de la Semana Santa son una ofrenda al sufrimiento de Jesús durante su muerte y resurrección, que es representada durante el Viacrusis en casi todos los pueblos de América Latina. Esta pequeñita chapina me observó durante todo el tiempo que tardé en tomarme mi café con un pan de dulce en el Mercado de Chichicastenango. Los pisotes de Guatemala son famosos por pasearse en frente de ti cuando andas conociendo y caminando entre las famosas Ruinas de Tikal. El Hostal del hermano Pedro es un conocido lugar donde llegan muchos de los aventureros que pasan por este sitio en camino a Tikal, ya que este se encuentra ubicado en un excelente lugar entre la isla de Flores en el lago Petén Itzá y El Parque Nacional de Tikal. El famoso Templo del Gran Jaguar en Tikal tiene una altura de 47 m y esta compuesto por nueve cuerpos. Fue construido en el año 734 d.C., y en su interior se encontró el cuerpo del gobernante maya Jasaw Chan Kàwiil. En esta foto podemos ver uno de los típicos camiones guatemaltecos con sus clásicos adornos y su bello colorido. Entré a Honduras por El Florido, que es la frontera más cercana entre Tikal y Copán. Esta carretera cruza por las selvas de Guatemala y Honduras, donde me encontré con muy pocos poblados y obviamente casi no había personas, así como muy pocos autos y uno que otro camión en días. Esto hizo que muchas veces me sintiera demasiado solo; aunque yo sabía que en esta selva no podía estar solo. Mientras pedaleaba por este país, sentía como si continuara pedaleando por el sur de México o Guatemala. Siempre he dicho que no se por que se hicieron las fronteras, si casi todos nos parecemos y nos vemos iguales. Estas guacamayas las pude ver mientras pedaleaba por todas las selvas de Centroamérica. Llegué a Santa Rosa de Copán un pueblito típico de Honduras, para poder ir a visitar estas famosas Ruinas de Copán, que son uno de los vestigios Mayas más alejados de esta civilización. Comayagua fue la antigua capital de Honduras en 1537. Es una ciudad encantadoramente colonial. El Parque Nacional Cerro Azul Meambar tiene muchos sitios inexplorados, dentro de su bosque nuboso, cascadas y cuevas en la zona, etc., mientras pedaleo algunos días fuera de la selva, entre San Pedro Sula y Tegucigalpa, en mi camino hacia la frontera con Nicaragua. Desde que empecé a pedalear en Centroamérica pensé en fotografiar alguna tiendita con el nombre que se les da aquí. Fue hasta Nicaragua donde me acordé de tomar la famosa foto a las “pulperías”. Todo esto es, porque después de un tiempo viajando en otro país te empiezas a familiarizar tanto con éste que ya no notas la diferencia entre muchas de las cosas que ves y fotografías todos los días, aunque después te acuerdas y te arrepientes. Cuando entré a Nicaragua empecé a pedalear hacia la capital de Managua entre carreteras medio destruidas por las lluvias y más selva. Mi interés en este país, además de cruzarlo en bicicleta, era conocer la ciudad de Granada y después ir a la Isla de Ometepe, donde quería subir a sus dos volcanes, el Concepción (1,610 msnm), y el Maderas (1,394 msnm). Esta hermosa ciudad colonial de Granada fue fundada en 1524. Se encuentra junto al lago Nicaragua y fue un lugar hermoso donde pude descansar algunos días antes de continuar pedaleando hacia la frontera con Costa Rica. Algunas veces me gustaba pedalear con esta soledad, sin saber que muchos años después esta iba a ser parte de mi historia; cuando en solitario cruzaría por muchos de los desiertos, selvas, pasos de montaña y muchos de los sitios y lugares más extremos del mundo. Ya en Costa Rica, alrededor del medio día, llegué al entronque de la carretera que sube a Bosque Nuboso, donde me detuve a comprar algunos alimentos. Los niños admiraban mi bicicleta, mientras decían “este gringo loco cree que va a subir en bicicleta la montaña”. No soy gringo, soy mexicano, “entonces por qué tienes los ojos verdes”, no son verdes, son grises. Empaqué e inicié la subida muy despacio, junto con algunos de ellos en sus bicicletas, mientras que después de un rato los perdía en una selva muy parecida a la que se ve en la película de Jurassic Park (esta se filmó en Costa Rica). De Bosque Nuboso continué pedaleando hacia el volcán Arenal que estaba en erupción, y después hacia el volcán Poás para ver y conocer la laguna dentro de su cráter. Después continué pedaleando por este bello país hacia Heredia, su capital San José, Cartago y por muchos pueblitos más por los que iba pasando en mi camino hacia la frontera con Panamá. Mientras pedaleaba por Costa Rica hubo algunas rutas que me gustaron más que otras, como esta que tomé entre el volcán Arenal y el volcán Poás, muy cerca de la Cordillera de Tilarán. De la frontera en Paso Canoas, Panamá, continué pedaleando por ciudades como David, Las Tajas, Santiago, Divisas y Penonomé hasta que llegué a Ciudad de Panamá después de pedalear todo esto en menos de una semana. Ya traía un buen ritmo y cada día me sentía mejor pedaleando. Nosotros les decimos topes a los bordes en las carreteras, aquí en Centroamérica les dicen túmulos. El Canal, una maravilla de la ingeniería universal que fue construido entre 1904 y 1914, consta de tres juegos de esclusas, un sistema de tres lagos artificiales y la zanja artificial más grande del mundo (el corte de Gaillard) que se extiende por 81.30 Km entre las aguas profundas del océano Pacífico y del mar Caribe. Algunas veces con la misma apariencia; algunas veces con el mismo sabor; la mayoría de las veces con distinto nombre; pero casi siempre es la misma comida que existe en México y en casi toda Latino América. Sobrevolé Colombia, por ya haber pedaleado hace algunos años en este país, y por todos los problemas que existían aquí en este momento. La ciudad de Quito me encantó (Ecuador en general), su gente, cultura, comida y el ver a muchos extranjeros, en su mayoría alpinistas, caminando, comiendo, leyendo, descansando por varias partes de la ciudad en espera de su próxima ascensión a alguna de sus más de 40 montañas del Ecuador, entre las que cabe destacar El Chimborazo con sus 6,310 msnm. Me impresionó la Catedral de San Francisco por su belleza interior, y porque aquí fue enterrado el héroe de la independencia nacional, Antonio José de Sucre. Solo tuve que rodar 22 kilómetros hacia el norte de la ciudad para llegar a “La Mitad del Mundo”, sitio que lleva ese nombre por ser el punto por donde pasa la línea del ecuador, lugar identificado por el monumento de piedra construido en 1936 por el Ing. Luis Tufiño, cuando se conmemoraron los doscientos años de la medición de la tierra por Francia, en el siglo XVIII. Mientras pedaleaba hacia el Parque Nacional Cotopaxi (dos veces en tres días), primero vi como rodaban sobre la carretera unas naranjas que venían hacia mi, un camión acababa de atropellar a dos indias quiteñas; un día después otro indígena quiteño en bicicleta también fue atropellado en frente de mi con su cesto lleno de manzanas; entonces pensaba cómo era posible que los choferes no trataran de librar a estos; o bien, si estos lo hacían a propósito o de plano no los veían venir por ir distraídos… La compra de víveres para el camino no podía faltar mientras me dirigía a Latacunga, por la carretera panamericana sur hasta el descenso del páramo del chasqui donde esta la entrada al Parque Nacional Cotopaxi. En este parque fui recibido por una pequeña alpaca y por Efraín, quien nos subiría en su camioneta hasta la entrada del Parque. El Cotopaxi o Montaña de la Luz, me llevó a un reencuentro con mi madre, después de una reconciliación en la cumbre de este con la mujer que me enseñó todo en la vida con unas sencillas palabras, que dicen: “todo lo que uno se propone en la vida es posible realizarlo”. Me costó mucho trabajo asimilar la muerte de mi madre. Después de Macara empecé a dejar la cordillera montañosa y a bajar, y bajar, hasta que llegó un momento en que no sabía qué era más pesado, si bajar o subir, sin embargo nunca había hecho tantos kilómetros en un día, más de 370 Km. Llegué a dormir a la playa en Chiclayo, tras admirar el mar y escuchar ese bello sonido que producen las olas cuando rompen a la orilla del mar. A partir de aquí, tuve que cambiar mi indumentaria de pedaleo, ya que el calor me acompañaría hasta la ciudad de Lima. Después de conocer el Museo de Oro de Perú en una capital de 6,000 000 de habitantes, llegué a la ciudad de Cuzco, a 3,500 msnm, donde guardé mi bicicleta y me comí un choclo mientras veía como en un sitio cercano se vendían licuados de sapos (pelados vivos) con verduras, huevo y algo más, que supuestamente mejoran la memoria de los niños y les quita lo tontos, por si no les gusta estudiar. De madrugada tomé el tren atestado de turistas mientras este descendía hacia Puente Ruinas, cruzaba el Valle Urubamba y el río del mismo nombre, que al final de su ruta desemboca en el Río Amazonas. Al llegar al kilómetro 88, Corihuairachina, el tren paró para que quienes haríamos el Camino del Inca bajáramos. Eran 30 kilómetros a Machu Pichu a través de las montañas, lo que nos llevaría de 2 a 3 días de recorrido dependiendo de tú condición física. A lo largo de de la ruta existen cavernas, escalinatas, andenes de cultivo, miradores, templos y habitaciones, todas de creación Inca. Llegamos a “Sayajmarka”, la primera de las tres ciudades que teníamos que pasar, y que era una fortaleza—laberinto con una sola entrada. Al siguiente día llegamos a “Phuyupatamarca”, después de pasar por un túnel de 60 pies, tallado a través de la roca de granito a un lado de la montaña, increíble hazaña de la ingeniería Inca. Por último “Wiñaywayna” la última fortaleza y protección de Machu Pichu, donde nunca llegaron los conquistadores. Con el amanecer y una fuerte lluvia llegamos hasta “Intipunku” o Puerta del Sol, desde donde se podían percibir los restos de lo que tantos años había soñado con ver: “La ciudad sagrada de Machu Pichu”. Mientras bajábamos, el sol salía y las nubes se disipaban, por lo que ante nuestros ojos aparecía la más bella ciudad Inca jamás descubierta, hasta 1911, por el Dr. Hiram Bingham y su guía, el agricultor Melchor Arteaga, en un lugar inalcanzable aun para los propios ángeles. Contemplé y recorrí durante largas horas la ciudad sagrada, “El Templo del Cóndor”, “El Grupo de las Cárceles”, “El Intihuatana”, “El Templo del Sol”, etc. Después bajamos a Aguas Calientes, donde mañana tomaríamos el tren de regreso a Cuzco para continuar con mi aventura en bicicleta hacia la ciudad de Puno, capital del altiplano peruano a orillas del lago Titicaca (3,810 msnm). Continué pedaleando por “Chucuito”, “Lámpara” un pueblo de color ocre que tiene en su iglesia una asombrosa copia de La piedad de Miguel Ángel, y por último, y antes de alcanzar la frontera “Huancane”, famoso por sus danzas guerreras. Ahora me encuentro en Bolivia un poco más asustado que en los países anteriores por la forma de conducir aquí; nadie ve que o a quien se lleva por delante, no tratan de esquivar a las personas, animales o cosas, solo que sean más grandes de lo que pueden atropellar. En tres días de pedaleo dos ciclistas y tres personas fueron atropellados ante mis ojos, en cuanto a los animales, ya perdí la cuenta. En la isla de la Luna llamó mi atención el hecho de que las mujeres trabajaban en una obra de albañilería, haciendo todo, desde acarreo y cernido hasta la construcción, mientras que unos metros más adelante, a la sombra de un árbol, los hombres jugaban, tomaban y platicaban. Por fin llegué a Copacabana, principal población boliviana a orillas del lago Titicaca, y que cuenta entre sus principales atractivos con la famosa Virgen de Copacabana, totalmente cubierta de oro y plata, con más de 400 años de existencia y grandes poderes curativos. La leyenda del nombre del lago también llamó mi atención, pues reza que es “Titicarga”; titi, el agua y carga un animal marino parecido a un gato. Además, los bolivianos dicen al igual que los peruanos, que el titi es de ellos y la caca de los peruanos y viceversa. Continué pedaleando hacia “Tiahuanaco”, sitio arqueológico más importante de Bolivia, que floreció entre los años 600 a.C. y 1200 d.C. Ahí conocí una de las más famosas construcciones del mundo andino, el monumento de “La Puerta del Sol”. Me despedí de mi amiguito José, quien me invitó a quedarme en su casa por dos noches, cerca del famoso pueblo de Tiquina, por 5 dólares la noche, donde existieron las famosas ranas gigantes que en 1967 vinieron a estudiar el Capitán Cousteau y su gran equipo de investigadores. Llegué a este mercado de las brujas por empinadas calles, donde la mayoría de los comerciantes son mujeres vestidas con hermosa polleras o faldas de tres vuelos, y con sus famosos sombreros borsalinos. Este mercado, que en realidad no es de brujas que vuelan o convierten en sapo a las personas, sino un lugar de hierbas y brebajes mágicos para preparar una mesa blanca al Dios Wiracocha, vende sebo de llama para la salud, sapo para que no falte dinero, y el feto de llama, amuleto natural usado como centro de los cultos de la Pachamama (madre tierra o diosa de la fertilidad). Después de pedalear varios días más entre piedras, tierra y asesinos del volante, hice mi arribo a la ciudad de La Paz, a 3,900 msnm, centro político, económico y cultural de Bolivia, y sede del gobierno. Dentro de mi recorrido visité el Museo de la Coca y el Valle de la Luna, gran área de formaciones geológicas (moles pétreas) que simulan un hermoso paisaje lunar desde el que se tiene una maravillosa vista de la majestuosa montaña Illimani, con su cumbre siempre nevada de 6,402 msnm. Continué pedaleando hacia el salar de Uyuni por la ciudad de Oruro, donde me paré a comprar pan y queso para la cena, en una pequeña tienda frente al parque. Afuera de esta había dos hombres tomando cerveza, no le di importancia y me agaché para sacar de una de mis maletas el dinero, cuando sentí un golpe en la cabeza, reaccioné golpeando al primero y rematándolo contra la pared, el otro se llevaba la cámara y la bolsa con mis papeles y el dinero, corrí tras él y lo golpeé quitándole mis cosas, ¡cuidado! alguien me gritó, por lo que giré rápidamente y alcancé a esquivar el cuchillo de mi primer agresor. El rayón y la sangre en mi estómago me enfurecieron a tal grado que reventé mi cámara contra su cara y no paraba de golpearlos hasta que me detuvieron, los pude haber matado. A Dios gracias por cuidarme, mientras dos íbamos a la cárcel y el otro iba inconciente al hospital… Llegué a Antofagasta que es la principal ciudad de Chile en el desierto, y que siempre ha dependido del mar. Me abastecí de agua y empecé nuevamente a pedalear dentro del desierto hasta Mantos Blancos, donde un anciano me dijo que tuviera cuidado con la “Sinusitis de Calor”. Llegué a Baquedano donde tomé una cerveza en un viejo museo de trenes mientras bajaba el sol, para continuar pedaleando hacia Carmen Alto, donde conocí a otro anciano llamado Don Gabriel, quien primero me interrogó y después me invitó a cenar y a dormir mientras me platicaba todas las historias de mineros, pistoleros y aventureros que habían pasado por este lugar, así como de sus fantasmas en pena… Sonó la segunda vez el despertador, y me dije “conquistador es hora de continuar con tu camino y descubrir tus propios mundos”. Crucé por la Sierra Gorda, después por Calama (ciudad minera), y por último llegué a Chuquicamata, la mina de cobre más grande del mundo a cielo abierto. Había visto muchos cielos estrellados en mi vida, pero el de esta noche en San Pedro de Atacama no tenía comparación, mientras caminaba por un pequeño pueblo con casas de adobe y calles estrechas de alrededor de 1,000 habitantes. Después de cruzar por un capricho de la naturaleza en el desierto más seco del mundo que es el Río Loa, porque baja desde las montañas divagando por más de 440 Km hasta el mar, llegué a Santiago de Chile, donde conocí la Catedral, el Palacio de la Moneda, el Museo Histórico, etc., y después de dos días de descanso empecé nuevamente a pedalear hacia Puerto Montt, mientras pasaba por Roncagua, Talta, Chillan, Temuco, Valdivia, Osorno y Puerto Varas antes de llegar a éste. Regresé a Osorno por donde crucé los Andes a Argentina, y donde fui atacado durante todo el camino por unos animalitos llamados tábanos, que son como abejitas negras con rojo, quienes solo esperaban un descuido para picarme. Este día fue muy pesado porque no paraba de subir lenta y pesadamente hasta cruzar esta cordillera, y por fin llegar después de varias horas de pedaleo a la frontera Chileno-argentina. Llegué a dormir a Villa la Angostura en el lago Nahuel Huapi. Mañana me tocaba un día relajado, sólo 90 Km alrededor del lago hasta San Carlos de Bariloche, donde me encontré a un joven australiano que pensaba cruzar América en tres años, hoy sólo hizo 40 Km, demasiado poco y lento para mi; mientras pensaba que “yo no podría pedalear así, porque para esta distancia sólo necesitaría un máximo de dos horas de pedaleo cargado con 50 kg” y después, qué haría el resto de los días... Dejé San Martín de los Andes y me dirigí a la ciudad de Esquel a unos 200 Km al sur, donde llegué a dormir muy cansado por el fuerte viento. Ví mi mapa y pensé, necesito comida para tres días que es lo que pensaba hacer hasta Trelew, a 800 Km de aquí con viento a favor, ya que cruzaría desde el océano Pacífico hasta el Atlántico. Este recorrido lo disfruté, fue increíble pedalear con viento de cola, no imaginaba lo que me esperaba más adelante… Crucé por Paso de Indios y Las Plumas, este último después de pasar por el Río Chubut uno de los pocos mantos acuíferos que existen en la Patagonia argentina, hasta que llegué a Puerto Madryn. Aquí en la Península de Valdés me levanté a ver el amanecer con las clásicas peleas matutinas de los leones marinos, cuando noté cierta inquietud entre ellos; miraban insistentemente hacia la superficie cuando de pronto ¡increíble! aparecieron dos prominentes aletas negras que cortaron rápidamente la superficie del mar y se dirigieron a gran velocidad hacia la costa, eran dos orcas que sin dar tiempo a reaccionar a los inexpertos cachorros de los leones marinos y aprovechando una ola oportuna capturaron con sus fuertes dientes a dos de ellos, no obstante sus esfuerzos por liberarse. Las poderosas orcas se introdujeron nuevamente en su elemento para devorar a sus indefensas presas. ¡Qué increíble es la naturaleza! También, un cigarro prendido acababa de ocasionar un incendio en la pingüinera de Punta Tombo. En Trelew, visité el Museo Paleontológico Egidio Ferugio o Museo de Dinosaurios. La Patagonia, como platicar 1,400 Km de nada, y con vientos de 140 Km/hr que al final se volvieron 1,100 Km para dos ciclistas suizos y uno mexicano, porque sólo había un carril, varios traileres volteados y muchos accidentes en esta carretera por los vientos huracanados. Inicié pedaleando un día de 12 hr y 140 Km (12 Km/hr). Este fue el único día de tantos kilómetros, porque el viento nunca más me dejó pedalear arriba de 7 Km/hr Desde que salí de Trelew me encontré con una cerca de púas que va de ambos lados de la carretera por más de 1,400 Km, donde esporádicamente me encontraba con algunos grupos de guanacos en esta estepa de arbustos bajos y pastos duros y amarillentos, que es el hábitat de este símbolo viviente de la “Patagonia Salvaje” Había pedaleado muchas veces con el viento en contra, pero esto era exagerado, caminando avanzaba más que en la bicicleta, cuyo peso impidió que muchas otras veces terminara sobre el pavimento o la tierra de la carretera, hasta que aprendí que no podía estar sobre la bicicleta cuando pasaba un trailer y había este viento, porque salía volando; si, el vacío que se producía nos levantaba a ambos por los aires, como si fuéramos un papel en el suelo. Todos los días me sentía tan impotente ante la fuerza de la naturaleza que me bajaba de la bicicleta y aventaba ésta, porque no podía pedalear a más de 3 Km/hr “en verdad era terrible”. Después de algunos días mis manos y boca estaban llenas de grietas por el viento seco y frío que me pegaba de frente todo el día, al cual ya me había resignado más que acostumbrado; llegué hasta Comodoro Rivadavia, donde mi amigo Bruno Stoob ya me había dicho que había cuerdas en las calles para detenerte mientras caminabas por estas con “el terrible viento”, y después hasta Río Gallegos donde por fin salía de esta terrible carretera. Empecé a disfrutar mis últimos kilómetros hacia Punta Arenas, después de algunos días caminando en el Glaciar Perito Moreno y otros tantos en las Torres del Paine, donde increíblemente pude observar a la mayor de todas las aves voladoras del mundo “El cóndor Andino”. Algunos días después, con esa llovizna molesta de hace ya varios días, entré pedaleando a la ciudad más austral del continente “Punta Arenas”, “donde si le besas el pie al indio que está sentado a la derecha de Hernando de Magallanes, algún día regresarás a esta ciudad”. Esta ciudad de Punta Arenas fue fundada a mediados del siglo XIX, aunque ya se habían hecho algunos intentos infructuosos desde el siglo XVI por los europeos, debido a que es difícil sobrevivir bajo las terribles condiciones geográficas del lugar. En 1579 el capitán Pedro Sarmiento de Gamboa intento fundar la ciudad del rey Felipe, muriendo en el intento, él y sus 300 hombres de frío y hambre, en lo que hoy se conoce como Puerto de Hambres, hasta que casi 250 años después se construyera el Fuerte Bulnes. En Tierra de Fuego decidí continuar pedaleando hasta Ushuaia, después de pedir un mes más de vacaciones. En tres puentes tomé el ferry Patagonia hacia la Isla de Tierra de Fuego, que fue bautizada así por el navegante portugués Hernando de Magallanes, cuando entró a este estrecho por la Costa Atlántica entre fuertes vientos y grandes mareas, donde únicamente fue ayudado por las fogatas que las Tribus Onas mantenían vivas en casi toda la orilla de esta isla, hasta que finalmente salió a otro océano que bautizó como “Pacífico” De Punta Chilota fui a ciudad de Porvenir, y de ahí continué pedaleando hacia Onaisin, por el Cordón Baquedano, que es una ruta montañosa que me llevó hasta donde trabajan los pirquineros en busca de oro. En Onaisin un hombre escocés, descendiente de los primeros pobladores escoceses que administraban las estancias, me platicó que cuando su abuelo llegó, las victimas inocentes fueron los Onas, para quienes resultaba más fácil cazar ovejas que escurridizos guanacos, por lo que estos fueron perseguidos en cacerías organizadas por asesinos profesionales, a quienes se les pagaba con dos ovejas por cada Ona que mataran. Llegué pedaleando hasta la frontera Chileno—argentina, donde después de pasar migración seguí pedaleando por esta tortuosa carretera de tierra y piedras hasta que llegué a la carretera que corre próxima a la Costa Atlántica, hasta Río Grande, que se encuentra en el kilómetro 239, cada vez estaba más cerca. Esta noche no pude dormir, solo me faltaban 101 Km hasta Ushuaia (era como pedalear de Puebla a Izúcar de Matamoros y de regreso a Atlixco). Crucé La Cordillera de Darwin, llena de vegetación y espectaculares vistas al Canal Beagle y a la Isla de Cabo de Hornos, hasta que llegué a la ciudad más Austral del Mundo “USHUAIA” Llegué a Ushuaia sin dinero, en viernes y con los bancos cerrados. En la tienda del fin del mundo conocí a Araz Haidjan, una muchacha croata que me ayudó dándome asilo en la casa del suizo donde vivía, y prestándome algo de dinero para comer hasta el lunes que abrían estos. Así llegué al Parque Nacional Tierra de Fuego, donde lo primero que encontré fue a un buen amigo que todos los días me perseguía y cenaba conmigo. Todas las noches, mientras veía las estrellas desde Bahía Lapataia (como me enseñó mi madre), sabía que estaba en el fin del mundo.  Ahora, después de muchos años, puedo decir que con sólo levantar la cabeza y ver las estrellas en el cielo, puedo saber en qué parte del mundo me encuentro, ya que como todos sabemos, el cielo es muy diferente de un continente a otro, y de un lado del ecuador y del otro. Después de recorrer el sendero de los castores, me quedé observando por un rato a unos pájaros carpinteros de cabeza roja, esperando ver a una hembra de cabeza negra que son muy raras. Muy cerca arribó el autobús con los turistas que llegaron el día anterior en un crucero a Ushuaia, extrayéndome de mis pensamientos, pues bajaron, caminaron solo 100 m hasta el letrero del fin del mundo, se tomaron unas fotografías y regresaron al autobús. ¿Qué pudieron disfrutar de este bello lugar en 5 minutos? El libro de esta aventura tiene por nombre “Una Aventura por América en Bicicleta” lo escribí ya hace mas de 15 años, lo leo y veo como he cambiado, cuantas aventuras más he realizado, cuanto he aprendido con los años, cuantas cosas me ha dado la vida, cómo he alcanzado todas mis metas y cómo he realizado todos mis sueños. “Sólo tengo que darle gracias a Díos por haberme dejado hacer todo lo que he querido en la vida, y a la vida por darme el tiempo necesario para hacerlo”. “América fue mi primer Continente”. Una aventura de 33,170 Km en bicicleta, que es fácil decirlo, ¡pero hacerlo! muy pocos lo han hecho…