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Esta aventura inició con nuestra llegada al aeropuerto de El Cairo, donde pasamos la noche junto a una jovencita china que nos preguntó si podía sentarse con nosotros, mientras veíamos un desfile de mujeres musulmanas elegantemente vestidas con burkas, y sin éstas, que pasaban a recoger sus maletas LV, sólo por mencionar alguna marca, en compañía de familiares y esposos. Con el amanecer dejamos el aeropuerto. En el centro de El Cairo armamos las bicicletas y nos fuimos en busca de nuestro hotel, en el que más tarde nos instalamos para checar los pormenores de nuestro equipo y bicicletas, ya que dos días después iniciaba esta gran aventura por el Continente Africano. Mientras tanto, recorríamos y conocíamos algunos mercados y mezquitas de esta gran ciudad. Y claro, no podía faltar nuestra visita al Museo de El Cairo, donde se encuentra concentrada gran parte de la historia de este gran país llamado Egipto, así como un recorrido por las Pirámides de Saqqara, con su gran estatua de Ramsés II, entre muchas otras cosas que se pueden visitar aquí. El Giza, considerada una de las siete maravillas del mundo, es un lugar de visita obligada por su historia y por todo lo que hemos visto y escuchado desde que dimos nuestros primeros pasos por la escuela. El Giza, considerada una de las siete maravillas del mundo, es un lugar de visita obligada por su historia y por todo lo que hemos visto y escuchado desde que dimos nuestros primeros pasos por la escuela. Empezamos pedaleando muy a gusto con 34 oC entre el Río Nilo que llevábamos de un lado y el desierto del Sahara del otro, un contraste realmente impresionante cuando ves lo que es capaz de hacer el agua en un desierto verde, y lo que sucede si no cuentas con este maravilloso líquido. En Luxor navegamos un poco por este río y conocimos El Valle de los Reyes, entre otras cosas. Continuamos nuestro camino hacia Aswan viendo a los camellos como animales de carga, mientras acampábamos cada noche cerca de la orilla del Río Nilo, a pesar de que los lugareños siempre nos decían que tuviéramos mucho cuidado porque los cocodrilos del Nilo son capaces de devorarse a una persona de tan solo un bocado. En el camino, más de una familia musulmana nos invitó a quedarnos en sus jardines, después extendían su ofrecimiento al interior de sus hogares, al principio disfrutamos mucho de su hospitalidad, pero llegó a ser cansado con el paso del tiempo, no podíamos descansar por la curiosidad de las familias y sus vecinos, que nos observaban como a dos locos que venían del otro lado del mundo. Nuestra llegada a Aswan, después de 1,035 Km a través de Egipto, fue bastante apresurada, porque el ferry a Wadi Halfa en Sudán sólo zarpa los lunes, esté quien esté. Caminamos por este puerto mientras comíamos las deliciosas fatiras, que son una especie de entre crepas y pizzas rellenas de queso y jitomate, o bien, rellenas de dulce. Fue increíble cómo íbamos en el ferry, porque este ya incluía que las personas viajáramos como sardinas: unos encima de otros, entre artículos de primera y tercera necesidad, sólo para cruzar el famoso Lago Nasser. Desde este ferry divisé por primera vez la inmensidad del desierto, no importaba hacia donde volteara, y fue en este punto donde de verdad sentí que estaba entrando al África de los aventureros. Esta foto me encanta, así es todo, no hay nada, cambiamos dinero en el mercado negro (Sudanese dinar 256 = US $ 1), dormimos en nuestro último hotel donde los cuartos están divididos con varas de caña secas y las camas eran de tablones de madera, solo para no dormir en el suelo y tener un encuentro peligroso con alguna víbora u otro insecto ponzoñoso. En el ferry conocí a nuestro amigo Yoshi Haru, quien llevaba un año viajando en bicicleta y se unió a la caravana en este lugar, para cruzar con nosotros Sudán y Etiopía, con él vivimos muchas grandes aventuras, mientras platicábamos y cenábamos pescado frito. Después nos tomábamos un té chai con azúcar, que fue nuestro principal combustible durante toda nuestra travesía por África. Nos tuvimos que detener en este lugar, porque nos impresionó lo que vimos: ¡nada!, realmente no sabíamos lo que nos estaba esperando más adelante, porque todo lo que alcanzábamos a ver era la inmensidad del desierto en todo su esplendor. Nos empezamos a alejar del Río Nilo, cuando nos encontrábamos con el último letrero en árabe que nos decía a qué distancia se encontraba el siguiente poblado o el siguiente oasis, claro esta que eso dependía de si lo podías encontrar o no en la inmensidad del desierto. Después de algunos días, nos encontramos en pleno desierto de Nubia con estos trabajadores del desierto que están planeando una carretera a futuro, quienes nos regalaron agua después de algunos días donde solo podíamos pedalear 40 Km diarios y teníamos que arrastrar nuestras bicicletas otros tantos kilómetros. Estos descendientes de los famoso guerreros nubios nos invitaron a quedarnos a dormir cerca de sus chozas, mientras preparaban una cena deliciosa con full (frijoles), tomates, lentejas y pan árabe, acompañado de café negro o té negro con leche, lo que fue un verdadero festín en pleno desierto de Nubia. Una semana después nos encontramos con otro oasis, donde la temperatura oscilaba alrededor de los 44 oC; mientras Yoshi y yo aprovechábamos la sombra para bebernos varios chais, Hectorín se daba tiempo para reparar su desviador trasero y calibrar algunos rayos. En nuestra ruta a través de África, el 70% de estas carreteras se encontraban sin pavimentar. En pleno desierto nos cruzamos con un muchacho alemán que también venía pedaleando a través de este continente. Al siguiente día nos encontramos algunas tumbas donde la cantidad de piedras indica el estatus social de la persona fallecida. Los rezos del Corán en un altavoz se escuchan cuatro veces al día a varios kilómetros de distancia, siempre que te encuentres en países islámicos o con mayoría musulmana, como aquí en el desierto de Sudán donde este profeta nos invitó a descansar en el cobertizo de su casa y a participar con él y su familia de sus alimentos, entre los que se encontraba este plato de full. Así, entre dunas, desierto y altas temperaturas, llegamos a Kartoum, capital de Sudán, después de semanas sin bañarnos y sólo comiendo lo que llegábamos a encontrar en algunos pequeños oasis, o bien, lo poco que podíamos cargar y racionar. Aquí descansamos 2 días y medio, mientras comíamos 5 veces al día unas baguettes de pescado empanizado deliciosas con litros y más litros de agua de frutas. Después de Kartoum, donde nos encontrábamos a 1,996 Km de El Cairo, se pierde Hectorín, sólo salió unos minutos después de Yoshi y de mi, llegó una pequeña tormenta de arena, borró las huellas del camino y él nunca nos alcanzó. Qué terrible experiencia voltear y encontrarte solo en medio de la nada, sin saber para dónde ir: primero tranquilízate y después piensa, para poder salir con vida de aquí. Darfur, un lugar que te puede costar la vida, donde el líder tiene 16 años y comanda un ejército de más de 300 niños menores de 15 años, todos portando rifles rusos kalashnikov. Después de tantas nuevas experiencias en tan poco tiempo, de pronto nos encontrábamos tranquilamente pedaleando a través de la inmensidad del desierto, con una gran caravana de camellos que nunca vimos como llegó, sólo nos alcanzaron e hicieron compañía durante una buena parte del día. Un día más en el desierto mientras levantamos nuestro campamento. Después de recorrer algunos kilómetros nos encontramos con estos niños saliendo de la escuela antes de llegar a Metema, en la frontera con Etiopía, donde nos bañamos en un burdel después de semanas en el desierto. Recuerdo la increíble sensación de sentir como te ruedan y se deslizan las gotas de agua por tu cuerpo, sólo cierras tus ojos y lo disfrutas… En Etiopía casi todos los niños están rapados a coco, para evitar la sarna y la tiña, excepto por un pequeño mechón que se les deja, para que cuando pase Dios tenga de donde cogerlos para llevárselos al Cielo. Entramos a un desierto diferente, lleno de piedras, mientras atravesábamos montañas y más montañas totalmente secas y áridas. Esta noche fue terrible para mi, tuve vómito y diarrea sin parar. Después de pedalear algunos días entre algo que todavía no llegábamos a entender muy bien, como eran las pedradas que nos aventaban todos los niños y jóvenes por cada pueblo que pasábamos, llegamos a Bahar Dar, una ciudad en el Lago Tana donde existen alrededor de 29 monasterios ortodoxos sobre pequeñas islas, como este llamado “Kebran Gabriel”, con sus aguas infestadas de hipopótamos. Soñábamos con llegar a Etiopía, ahora ya sólo queremos irnos de aquí, todo el día tenemos que esquivar pedradas y cuidarnos de que en las montañas donde vamos subiendo muy despacio no se acerquen los niños y nos metan un palo entre los rayos, para romperte varios de éstos, como le sucedió a Yoshi. También teníamos que cuidarnos de cuando te jalan la bicicleta de un lado para distraerte, porque del otro un niño trate de robarte cualquier cosa. Aquí creció la caravana, cuando Simón, un joven suizo, que venía en el Tour D´Afrique, nos dijo si podía viajar con nosotros, porque donde venía no tenía ningún chiste nos decía él; si pedaleas y te cansas te puedes subir al camión, no cargas nada, todo te lo hacen, por eso pagas lo que pagas. Nos dijo que varias veces nos vio interactuando con las tribus, cargando nuestras propias cosas y disfrutando y sufriendo África por nosotros mismos. Cada día nos acercamos más a Addis Abeba, ya estamos a tan sólo 585 Km de ahí. También nos enteramos de que 5 integrantes más del Tour ya han desertado de éste por las diversas lesiones y fracturas que han sufrido en diversos accidentes ocasionados por las pedradas y los palos. Mientras desayunábamos un plato típico de este país llamado enyara, veíamos como las personas aquí en África venden el excremento del ganado como recubrimiento y protección de casas. Muy cerca de la frontera con Somalia pudimos observar lo que ha dejado la guerra entre estos países, mientras, en este momento, el ejército etiope invade su capital Mogadishu, donde se llevó a cabo la película llamada: La caída del halcón negro. Así nos observó África durante toda nuestra aventura en bicicleta. Así como este tipo no quería que me tomara una foto en este lugar porque este era su país, unos días antes Héctor y Yoshi platicaban con un tipo mientras comíamos, éste pidió nos cobraran su cuenta y la de sus 5 amigos, mientras empezaron los jalones y empujones, volteó al pueblo en nuestra contra, hasta que llegó la policía militar y todos a la cárcel; mientras, el jefe me decía váyanse lo más rápido y lejos posible, porque esta gente es mala y les puede hacer algo. Para variar un poco con la agresividad de este país en general, cuando quise tomar una foto del Blue Nile River desde este puente, me sacaron encañonado después de bajar por más de 20 Km entre tierra suelta y grandes piedras, obviamente ya se imaginarán la subida que nos esperaba del otro lado. Antes de llegar a esta capital ya desesperados de no sólo subir y bajar, sino de las piedras y los palos, me dijo Héctor: una subida más y tomamos un camión. En este hermoso lago, donde se me ocurrió caminar descalzo mientras Hectorín nadaba, con los días me empezó a doler el dedo gordo del pie derecho, me revisé y solo vi un punto blanco que con los días fue creciendo hasta que una noche decidí cortarme ese punto de pus, cual va siendo mi sorpresa que era un gusano que había que sacar con mucho cuidado, porque si se queda adentro su cabecita, se te puede infectar todo el pie. Mientras más viajo por este maravilloso mundo he ido implementando algunas reglas de oro por todo lo que me ha pasado y todo lo que he ido aprendiendo con el tiempo y con los años; como la de que tienes que acampar 10 Km antes de un poblado, o 10 Km después de éste. Después de algunos días más pedaleando entre el “you, you, you, stop give me money or throw stones”, por fin salimos de las montañas y llegamos hasta el Valle del Rift, donde nos encontramos con algunas tribus del Río Omo, como los Mursi, Karo, Surma, Konso, Borana y Hamer entre muchas otras, que sólo vimos de lejos y algunas otras que también reconocimos por su fiereza y belicosidad. Las mujeres Mursi son algunas de las tribus que más llaman la atención por los platos labiales de cerámica o madera, que usan principalmente en su boca y algunas veces también en sus oídos, y que son su símbolo de belleza corporal. Los Mursi son luchadores temibles y audaces: el asesinato es un mérito y un honor, y al igual que los Bume, hacen gala de cada enemigo aniquilado con vistosas escarificaciones en forma de herradura, donde los más valerosos muchas veces se quedan sin espacios en los brazos y los siniestros adornos empiezan a cubrir todas las partes del cuerpo. Los Galeb son una numerosa comunidad donde coexiste una inusual disposición para acoger a miembros exiliados de otras tribus, y que aun continúan con la práctica de bárbaras costumbres, como la ablación del clítoris o la castración de sus enemigos derrotados. Son contradicciones que hacen de los Galeb un pueblo complejo, capaz de ser al mismo tiempo tolerante y cruel. Los últimos 4 días pedaleamos más de 700 Km para salir de Etiopía, un país hermoso pero cruel y desgarrador, por muchas cosas como su pobreza; mientras entrábamos a otro donde para empezar no nos dejaron pedalear los primeros kilómetros, porque teníamos que ir en un convoy custodiado por el ejército, ya que varios grupos de terroristas somalíes estaban entrando al desierto de Marsabit a matar y a robar a personas desprotegidas por el hambre y la guerra en este país. El desierto de Marsabit es un desierto de contrastes y tonalidades diferentes, donde el agua es escasa y donde Creig, un neocelandés, e Idoia, una española, estuvieron a punto de morir, primero por un choque y después porque el GPS se les cayó, no sabían en que dirección ir, es increíble que alguien que esta en el desierto no sepa como moverse si la tecnología le falla. Esta foto pudo costarnos la vida, cuando de antemano yo sabía que ellos creen que una foto les roba el alma; puse a Hectorín junto a ellas, tomé la foto, se levantaron inmediatamente y se me dejaron venir todas las mujeres junto con los hombres ahí presentes, gritando y amenazándome con señas, yo en lugar de asustarme me fui hacia ellas y les enseñé la fotografía de Héctor, bendita tecnología. En camino hacia el Mt. Kenya por ir muy rápido, dentro de una lluvia torrencial, se me fue la bicicleta en una curva, mientras me deslizaba por la carretera entre camionetas y camiones que circulaban a gran velocidad quedando en medio de todo sin que me pasara nada, me di cuenta de que hoy no era el día de mi partida hacia el mas allá, mientras que al siguiente día nos encontrábamos cruzando el Ecuador. Mientras caminaba por este parque, además de sentirme en Tierra de Gigantes, recordaba muchas historias vividas de África; de niños muertos tirados como perros a orilla de las carreteras en el desierto; mujeres muriendo de hambre amamantando a niños que llevaban días de muertos; personas a punto de morir de hambre que no puedes darles nada porque ya perdieron esa sensación terrible del hambre… Una apuesta con el dueño del lodge, quien nos dijo que nadie podía hacer Point Lenana en 24 hrs, llevó a Hectorín a la cumbre, mientras yo regresaba con el equipo a la entrada del parque después de una mala noche con frío y calentura, por la terrible empapada del día anterior después de meses en el desierto, mientras Héctor ganaba la apuesta. Nairobi fue una terrible experiencia para Héctor, a quien un día antes de llegar lo atacó un tipo drogado en la carretera, de quien se defendió a golpes, y un día después, en el centro de la ciudad, lo golpearon por atrás, proyectándolo contra el pavimento y además de varios golpes en la cara le rompieron sus dos dientes del frente, lo que más allá del daño físico, le causó un daño moral duro de superar. Continuamos pedaleando todavía dentro de Kenya por algunos días más, mientras nos encontrábamos con esta hermosa avestruz que se fue a parar junto a mí para que Hectorín nos tomara la foto. Después de pedalear cerca de la Reserva Masai Mara de Kenya, nos encontramos llegando a su frontera con Tanzania mientras realizábamos todos los trámites burocráticos que teníamos que hacer cuando salíamos y cuando entrábamos a otro país, y como siempre, cambiamos dinero en el mercado negro (802 tanzanian shilling = 1 USD), después de un rico desayuno ya dentro de este país. Mientras pedaleábamos con el amanecer hacia Arusha, en el centro de África, tuve que parar para cambiar la cámara de mi llanta trasera, en una de las pocas veces que ponché en esta aventura, donde también aproveché para poner una llanta nueva, mientras continuábamos pedaleando a un costado del Mt. Kilimanjaro, el volcán más alto de África con 5892msnm. Los días siguientes estuvimos pedaleando muy cerca del cráter del Ngorongoro y del Lago Manyara, entre muchas jirafas, elefantes, cebras, baboons, etc. y una de mis tribus preferidas “Los Masai”. Esta foto me encanta, cuando un jovencito masai se acerca a saludarnos completamente desnudo y vestido a la vez, dependiendo del punto de vista que lo veas. Este mercado masai, en la entrada del Parque Nacional Tarangire, me devolvió a la realidad de África cuando nos empezamos a encontrar a muchos hombres de esta tribu tirados o perdidos de borrachos por todos lados, mientras, recuerdo cuantas tribus he conocido totalmente degradadas por el alcohol, como los Inuit de Alaska, los aborígenes de Australia… Unos masai nos preguntaron hacia donde íbamos, hacia Bereku les respondimos y así empezó una carrera entre sus viejas bicicletas y nuestras modernas bicicletas, cargadas con más de 50 Kg, por más de una hora a toda velocidad, mientras uno de ellos también venía a toda velocidad junto a nosotros, pero lo increíble de esto es que este masai venía platicando con nosotros, pero corriendo, algo realmente fuera de serie. Seguimos pedaleando hacia Dodoma, ya con unos 7 kilos de peso menos, mientras acampábamos en algunas zonas peligrosas donde en la noche se oía el murmullo de la selva, lo que muchas veces no nos dejaba del todo descansar; mientras Hectorín me preguntaba ¿ya metiste tu cuchillo?, yo pensaba que si nos atacaran los leones o los perros de África, no tenemos nada que hacer contra ellos. Aunado a nuestros problemas de cansancio, calor, mosquitos, falta de agua y comida, surgió un problema nuevo cuando primero se le rompió a Héctor su rack trasero y después la abrazadera del poste de su asiento, con lo que tuvo que lidiar algunas semanas hasta que llegáramos a Lilongue, capital de Malawi, donde su esposa le enviaría un rack y una abrazadera nuevos. Después de Morongoro empezamos a tomar doxixiclina para la malaria, aunque después también tomamos lariam porque con el primero sentíamos cómo el sol quemaba nuestra piel. Mientras pedaleábamos hacia Iringa, sabíamos que desde ya hacía varios días nos encontrábamos pedaleando dentro de territorio peligroso, o sea dentro de zona de leones, hienas, elefantes… Mientras pedaleamos hacia el Parque Nacional Mikumi recordé algunas pláticas con mi amigo el ciclista holandés Frank Van Rijn, que tiene 3 vueltas al mundo en bicicleta y una vasta experiencia en la vida salvaje, quien me dijo: si te encuentras con leones a menos de 50 m solo detente, no te muevas y espera, generalmente están interesados en otro tipo de presas, si ya es de noche serás la cena. Continuamos pedaleando a través del Parque Nacional de las Montañas de Udzungwa, ahí nos topábamos con más animales de la selva y de la sabana africana como changos, jirafas, jabalíes, etc., cruzábamos por Iringa, y continuábamos pedaleando a través de carreteras ya más transitadas en nuestro camino hacia la frontera de un nuevo país llamado Malawi. En Tukuya, mientras me encontraba comiendo, de pronto aventé todo, tomé mi cámara y me fui persiguiendo a esta mujer, era rápido porque no les gusta que los fotografíes en esta zona islámica, y menos si pareces americano, primero se me atravesó esta niña y después pude tomar algo que ya había visto pero no había podido fotografiar, era el terrible 11 de septiembre estampado en África. Muy temprano nos despedimos de nuestros amigos australianos Craig McClelland y su esposa, con quienes pedaleamos y cenamos el día anterior en un hotel muy cerca de la frontera; partimos con el amanecer entre mercados de plátanos, campos de té y niños de orfanatos diciéndote ¡llévame contigo!, cuando los ves como estiran y abren sus brazos hacia ti… Llegamos tarde a la frontera de Malawi, mientras nos decían que aquí no nos podían dar la Visa, nuestro libro dice lo contrario: -mire usted, ¿de donde son? -de México -¿dónde está ese país? -en América -¿dónde esta América?, bueno pasen a ver al encargado. -Sr. nos puede ayudar –bien, les daré una carta mientras llegan a Lilongüe ($), donde lo primero que tienen que hacer es ir al consulado, enseñar ésta carta y sacar su visa -gracias señor. Malawi fue diferente, entre el calor tropical y la selva. En las fotos anteriores, un baile por niños bajo la lluvia en Karonga; dormimos y desayunamos en Chitimba, en compañía de este changuito junto al Lago Malawi; un chai en Kasungu; después en Lilongüe ya nos encontrábamos a mas de 7,354 Km de El Cairo. Seguimos pedaleando hasta una tienda donde te venden las hojas de tabaco y los niños de África nos siguen observando. Así llegamos a una montaña con 3 palapas y una tiendita con unas 30 niñas mamás y como 20 niños de Angola, Zambia, Malawi, Mozambique, Zimbabwe, etc., vendiendo plátanos, mientras se me ocurre darle un globo a uno de los niños que se le escapó y voló, entonces sucedió lo increíble: las mamás aventaron a los niños de brazos y se fueron a jugar con los globos, ya que no los conocían, se volvió un día de fiesta, qué felicidad. Después de tomar chai 4 o 5 veces al día desde Egipto hasta Tanzania, de pronto como que se acabó esta costumbre aquí en Malawi, donde casi me infarto y recuerdo como ha variado nuestra dieta: de full a enyara; de nada a pan con plátano; de solo chapatis a huevo con papas a la francesa; y de pan con guayaba a chapati con aguacate; mientras otro profeta musulmán nos invitó a tomar un té a su casa. Así llegamos a Chipata, pedaleando junto a un ciclista de Zambia que cargaba en una vieja bicicleta como 70 Kg de pescado que iba a traer cada 3 días a Mozambique, para revender aquí en su país y poder alimentar a su familia. Esto es una historia que todo el mundo oye pero que nadie entiende, porque no saben que es ir y regresar corriendo de una escuela que se encuentran a 10, 15 o como ésta a 23 Km de aquí, mientras que los niños se juntan a las 5:00 am para correr a esta, todos formados cantando y con cascabeles para así ahuyentar a los leones; si uno se para, se paran todos, y así regresan todos antes de los 50 oC del sol del medio día. Entrando a Lusaka con el amanecer, unos policías nos pidieron una foto, mientras que ya en este momento nos encontrábamos a 8,618 Km de El Cairo, y algunos días después nos encontraríamos en el camino con estos ciclistas de ruta, que estaban entrenando para una próxima competencia. En una pequeña montaña le pedimos a una mujer con unos niños, que nos hiciera un té; lavó las ollas, puso el agua a hervir y nos dio unos viejos posillos mientras sacábamos nuestras viejas tortas y todos nos observaban, nos sirvió el agua hirviendo y todos empezaron a sorberla, éste era el té, luego viendo esto, dividimos nuestras tortas entre ellos, y pensamos: nosotros sólo tendríamos hambre 4 o 5 días más, ellos nacieron con ella. Después de pasear por la capital Lusaka y conseguir la Visa de Namibia, seguimos pedaleando entre pueblos como Kafue, Chisekesi, Choma y otros más, mientras Hectorín aprovecha para tomar agua de un viejo grifo inglés. Así llegamos hasta donde llegó el más grande explorador de África, David Livingstone, quien además de descubrir el nacimiento del Río Nilo, también descubrió en este lugar las ahora famosas Cataratas Victoria, por lo que en honor a este gran explorador este pueblo se bautizó con el nombre de Livingstone. Después de una triste despedida, mi amigo Hectorín y yo nos separamos, mientras él se dirigía hacia Windhoek primero y después hacia Cape Town, donde tenía que hacer válido su seguro de gastos médicos para poder arreglarse sus dientes, yo esperaría la llegada de mi esposa Marisol, que se volvió, de una espera de 3 días, en una espera de más de 10 días, por lo que decidí pedalear algunos kilómetros por otros países cercanos… Entonces debido a la situación anterior y ya con demasiados días de descanso, decidí que quería pedalear algunos kilómetros dentro de Zimbabwe, a la ciudad de Bulawayo, que se encuentra a tan sólo 400 Km de aquí, para lo que necesitaba siete días para ir y venir, por lo que no me importaron mucho los problemas políticos existentes aquí, y me aventuré a entrar en bicicleta a este país. Durante los siguientes días estuve pedaleando cerca del Parque Nacional Hwange sin ningún contratiempo, hasta que volví a toparme con la falta de comida y agua en todos lados, así como los cambios de precios, pero era algo a lo que ya estaba acostumbrado y que además sabía dónde y cómo conseguirla. Tuve que regresar por la frontera de Botswana después de que en Bulawayo empecé a ver gente armada en las calles y peleando contra la policía, además mi amiga Michelle, una inglesa que conocí en Zambia, también me habló avisándome que saliera del país inmediatamente, por un inminente golpe de estado, y entonces podría volverse casi imposible salir de aquí. Volví a la tranquilidad del desierto mientras pedaleaba pegado a la frontera entre Zimbabwe y Botswana, rumbo a Kasane, y me encontraba con un perro salvaje de África lejos de su hábitat principal, que según recordaba es más cerca del Okavango, pero me quedé preocupado por si había más, ya que son como los lobos y atacan en jauría, aunque ya sólo quedan alrededor de 5,000 de estos bellos animales en toda África. Namibia, otro desierto más que me llevó a Divundu, y en el Delta del Okavango a West Caprivi Game Park, donde casi siempre se pueden ver a los hipopótamos y a los cocodrilos nadando cerca de este lugar, separado por una barrera de acero en medio del río mientras nadas junto a ellos, y que gracias a unas terribles tormentas no pudimos ver. Empecé muy temprano a pedalear hacia el Parque Nacional de Etosha, entre una gran variedad de animales salvajes, incluyendo leones, rinocerontes, elefantes, que alcanzaba a ver a lo lejos o con prismáticos, y que nunca pude ver dentro del parque, entonces me quedé pensando, ¿dónde habrá más animales salvajes? Afuera o adentro del parque. Carlos se enamoró de Marisol, y cuando los cuidadores del parque se lo querían quitar, este suricato los mordía; ese mismo día, mientras corría, empecé a ver huellas de leones, por lo que corrí más rápido y regresé nuevamente al área protegida del parque. Tuve que subir hasta Opuwo en un viaje que bien valió la pena, solo para poder ver a esta hermosa tribu de los Himba. Me encantó esta gente, que a pesar de sus condiciones de vida tan precarias siempre te están sonriendo. Bajé hacia Sihanovill pedaleando muy cerca del Cabo de las Tormentas, y de ahí continué hacia Windhoek. En Windhoek la capital de Namibia, me sentía cada vez más cerca de mi meta, mientras me encontraba con este motociclista canadiense, en el Chamaleon Backpacker, también cruzando África en su BMW Dakar 650. Sudáfrica fue casi un paseo después de todos los terribles lugares que habíamos cruzado y por todos los peligros que habíamos pasado. La tribu de los Zulúes es el pueblo del cielo y heredero de una terrible violencia muy sangrienta; mientras, las mujeres vírgenes y desnudas se alinean en preparación de la danza de la primavera del carrizo, para revivir ante el rey el nacionalismo zulú. Me encantó Ciudad del Cabo, sólo tenía que hacer mis últimos 100 Km hasta el Cabo de Buena Esperanza pedaleando entre pequeños suburbios alemanes, ingleses, una pingüinera y bellos paisajes, para cada vez estar más cerca de la conquista del hasta ahora continente más peligroso de la Tierra. Sólo tienes que ver su tamaño para mejor no molestarlo, este babuino que paseaba a un lado de la carretera era del tamaño de mi bicicleta. Cerca de la victoria en la entrada al Parque del Cabo de Buena Esperanza, no lo podía creer, un sueño más hecho realidad; todo se dio, como siempre lo digo, fue el momento ideal para hacer este viaje y cruzar África en bicicleta. El paisaje, el cielo, todo se me hacía maravilloso, estaba a unos cuantos kilómetros del triunfo, el mar, los pingüinos, las avestruces, Marisol persiguiéndome y tomándome fotos, mi bicicleta, las nubes, las piedras, todo se conjugó para llegar hasta aquí sano y salvo; gracias a ti que siempre me cuidas desde el cielo y al universo por darnos este maravilloso mundo para conocer y disfrutar… Sin palabras… Una vez más quiero decir que alrededor de estas palabras a girado mi vida…